Vistas de página en total

sábado, 10 de diciembre de 2011

¿Tocada y hundida? ¡Jamás! Ni que fuera el Titanic.

Las horas pasan. El tic-tac imparable de un reloj marcan el ritmo. Un tic-tac que nunca acaba. Un aire indeseable se respira y el cielo es más diferente que nunca. La vida está marcada, nos creemos libres y no somos más que meros esclavos. Del tiempo, de los medios, de las personas... Nos creemos independientes pero no somos felices si no estamos atados a alguien.
''Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien.'' (Luis Cernuda)

Nunca llegaremos a ser quienes somos realmente, ni quienes queremos llegar a ser. Somos presos de las ideas de los demás, de nuestro cuerpo, del amor... Ilusas aquellas personas que se crees libres, e ilusas también las que creen estar encerrados en una jaula de cristal, todos aquellos que piensan que les gustan sus ataduras. Pues nadie puede amar sus cadenas, aunque sean de oro puro.
A pesar de todo, yo pienso que esto no es el de todo cierto. Cuando tus cadenas tienen una voz específica, un nombre especial o simplemente un tacto diferente...
Regla simple de tres: llorar en soledad es sencillo, reír complicado. Reír en compañía es sencillo, llorar... depende.
Tal vez no sea tan simple, pero me da igual. Necesitamos de personas a nuestro al rededor, lo cual nos hace presos ya de por sí.
¿Nuestro problema más grave? El conformismo. Todas aquellas personas que dicen: nuestro destino ya está escrito, el decide lo que va pasar, es un camino ya hecho... Es simplemente por que no tienen la fuerza o el coraje suficiente para levantarse y decir ''Es mi vida, yo decido. Y al que no le guste que no mire''.
¿Nuestro segundo problema? Pues el opuesto: todos aquellos que se creen que pueden con todo solos, que ''son los mejores''... Que error más grande, que solo no se llega a nada.
Una frase que todos hemos escuchado, visto y sentido alguna vez en nuestra corta o larga vida: HASTA EL INFINITO, Y MÁS ALLÁ.
Después de todo lo que he dicho, escrito más bien, se puede llegar a pensar que yo veo esto como imposible. Nada más lejos de la verdad. Claro que podemos llegar al infinito. A nuestro propio infinito. A ese infinito que todos nosotros guardamos dentro de nuestras mentes, cuerpo o almas. Lo que prefieras. Podemos llegar al infinito, y más allá. De mil maneras diferentes. Con una mirada, con un abrazo, con una caricia, con un beso, con una canción, un libro, una película, unos tocando la guitarra, otros pintando, otros escribiendo, otros jugando a tenis, otros jugando a fútbol, e incluso montando a caballo.
Nuestro propio infinito no es más que nuestra propia superación, el sonreír día tras día, la capacidad de ser feliz por encima de los problemas y no ahogarse en ellos. Y no hay nada más importante que esto.
El infinito es algo material o, por que no, sentimental o imaginario.
Pero lo más importante de todo, lo más bonito, el secreto, la llave, es que necesitas de gente a tu lado para poder llegar al infinito. Amigos, novios, padres, hermanos, primos, abuelos... Personas dispuestas a dejar su propio infinito para acompañarte al tuyo propio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario